Friday, April 4, 2008

Héroes y Villanos Desconocidos


"heroes" Autor: tres (flickr)

En una vieja película mexicana (1981), "El Héroe Desconocido", se narra la historia de Rodolfo Martínez, un "don nadie" que para conquistar a la mujer que le gusta y que no le hace ningún caso, se inventa un supuesto antepasado "heroico": Don Hipólito Martínez Mendoza. Con ingenio se las arregla para crear al supuesto personaje y que por todo el pueblo se sepa que él es su descendiente, el tataranieto de Hipólito, héroe a quien se le comienza a relacionar con Benito Juárez. Como resultado, Rodolfo no solamente conquista a la mujer de sus sueños sino que todo el pueblo prospera a la sombra y fama del ilustre "personaje histórico". Pero justo el día que se develará una estatua en memoria de Don Hipólito, un historiador escéptico se presenta y frente a toda la gente reunida dice la verdad: Don Hipólito Martínez Mendoza nunca ha existido.

Al margen del bajo perfil cinematográfico de esta película, la premisa es muy interesante: los héroes no sobran, son elementos que invitan a la trascendencia. Una idea con la que estaría de acuerdo Jung, quien decía que todos necesitamos tener héroes. Y en este sentido se vuelve relativa la exactitud histórica o biográfica porque los héroes son símbolos. Símbolos que tienen la fuerza para inspirar, para motivar. ¿Existen pruebas irrefutables de la existencia histórica de Jesús? No. Y no obstante la fuerza del personaje respalda una de las religiones más extendidas del planeta (razones socioeconómicas aparte) y es un héroe multinivel porque puede cristalizar interpretaciones desde diferentes niveles de conciencia.

Un héroe podría ser un personaje de ficción, de un libro o una película, y aún así, con nuestra plena conciencia de su carácter ficticio, inspirarnos por su "veracidad", su autenticidad. Esa autenticidad es parte de lo que llamamos gran arte, a diferencia de esas obras donde los personajes resultan falsos e inconvincentes (por eso los grandes artistas son verdaderos héroes).

Y yo tengo mis propios héroes, algunos "reales" e históricos, y otros solamente "ficticios", habitantes heroicos de novelas y películas pero que igual me motivan tanto o más que los que han sido de carne y hueso.

Pero tampoco quiero minimizar la importancia de la verdad histórica, máxime cuando existen personas que gustan de revisar -léase: falsear- la historia con fines nada elevados. Y tampoco me altera en absoluto el saber que los personajes que de niño me enseñaron a colocar en un pedestal eran en realidad verdaderos sátrapas. Siempre he considerado de gran valor la labor de historiadores que desentierran los datos que otros se han empeñado en esconder.

Me da gusto saber que en México han estado saliendo a la luz nuevos datos que nos ayudan a reinterpretar la realidad de manera diferente. Sólo como ejemplo podría mencionar el libro de Alejandro Rosas, "Mitos de la Historia de México. De Hidalgo a Zedillo", o el de Juan Alberto Cedillo: "Los Nazis en México" (un gran libro). Por cierto, acerca de la verdadera figura de Benito Juárez, sugiero leer el siguiente artículo de un historiador de la Universidad Autónoma Metropolitana. En este artículo se emplean datos que describen muy bien la no tan heroica realidad de esa figura tan venerada por los priistas y los perredistas (y héroe de los masones mexicanos): "Juárez y sus Hechos".

¿Y que decir de otros personajes, como Lázaro Cárdenas, Simón Bolívar, Gandhi, Churchill, el Dalai Lama...? Tal vez veamos en otra ocasión algunas opiniones que difieren grandemente de las descripciones que se nos suelen entregar de estas y otras conocidas personalidades. Los héroes devienen villanos desconocidos y los villanos se transmutan en héroes desconocidos.

Por supuesto que héroes y villanos son considerados en forma diferente según el prisma psico-sociológico de quien los analiza. Y esto no sólo es válido para referirnos a personas, sino a sucesos, procesos, sistemas, coyunturas y desenlaces. Y a veces hace falta una buena distancia temporal para que los juicios adquieran mejor perspectiva.

Un factor vale la pena de destacarse: mientras mayor independencia adquiera uno con respecto a su propia cultura, mayor capacidad tendremos para resistir el derribamiento de los mitos, y mayor fortaleza para admirar a quienes, a pesar de tener toda la opinión en contra, consideramos que revisten los atributos de los héroes (o por lo menos de hombres y mujeres destacados).

Cuidado también con el relativismo porque éste no reconoce niveles entre las personas, estaturas diferentes en las distintas capacidades humanas, y se regodea en resaltar los defectos de quienes destacan en algún campo para recordarnos que no hay nadie más grande que otro, que todos somos iguales en nuestra ordinariez, que no existe la superioridad ni el mérito personal. No es verdad, aunque nadie es perfecto y aunque todos proyectamos diferentes psicografías, hay representantes de la raza humana que alcanzan alturas ejemplares, capacidades y habilidades que les elevan sobre el promedio. Al mismo tiempo, paradójicamente, todos somos héroes, únicos en nuestra irrepetible situación, y tal vez desde esa particularidad sea más fácil atisbar una unicidad que trasciende al propio heroísmo.

Volviendo a la película "El Héroe Desconocido". Después de que el historiador denuncia la impostura, un hombre del pueblo toma la palabra y dice: "Gracias a Hipólito hemos prosperado, por lo tanto Hipólito sí existe". En medio de la algarabía general se descubre la estatua y todo el mundo celebra. Y así llegamos a un final felíz.